Lxs Niñxs Salvajes

:: Un Potlatch Inmediatista ::

I

Cualquier número de gente puede jugar, pero el número debe ser predeterminado. De seis a veinticinco parece adecuado.

II

La estructura básica es un banquete o picnic. Cada jugador/a un plato o botella, etc. En cantidad suficiente para que todo el mundo pueda servirse por lo menos una vez. Los platos pueden estar preparados o terminarse en el sitio, pero nada debería comprarse ya preparado (excepto vino y cerveza, aunque idealmente estos podrían ser caseros). Cuanto mas elaborados sean los platos mejor. Intenta ser memorable. El menú no tiene porque dejarse a la sorpresa (aunque ésta es una opción) - algunos grupos pueden querer coordinar sus esfuerzos para evitar duplicaciones o disputas. Quizás el banquete podría tener un tema y cada jugador/a podría ser responsable de un plato dado (aperitivos, sopa, pescados, verduras, carne, ensalada, postres, helados, quesos, etc.). Sugerencias de temas: Gastrosofía de Fourier, Surrealismo, Nativo Americano, Negro y Rojo (toda la comida negra o roja en honor de la anarquía), etc.

III

El banquete debería llevarse a cabo con un cierto grado de formalidad: brindis, por ejemplo. ¿Tal vez “vestirse para cenar” de alguna forma? (Imagina por ejemplo que el tema del banquete fuese “Surrealismo”; el concepto “vestirse para cenar” toma un cierto significado). La música en directo en el banquete estaría bien, si algunxs jugadorxs se sintieran satisfechxs con tocar para lxs otrxs como su “regalo”, y comer más tarde. (La música grabada no es apropiada).

IV

El propósito del potlatch es por supuesto dar regalos. Cada jugador/a debería llegar con uno o más regalos y marcharse con uno o más regalos diferentes. Esto podría lograrse de varias maneras: (a) Cada jugador/a lleva un regalo y lo pasa a la persona sentada a su lado en la mesa (o algún arreglo similar); (b) Todo el mundo lleva regalos para todxs lxs demás invitadxs. La elección puede depender del número de jugadorxs, siendo (a) mejor para grupos grandes y (b) para reuniones más pequeñas. Por ejemplo, si estoy jugando con otras cinco personas, ¿llevo (digamos) cinco corbatas pintadas a mano, o cinco regalos totalmente diferentes? ¿Y los regalos se darán específicamente a ciertas personas (en tal caso deberían ser creados para ajustarse a la personalidad de el/la receptor/a), o ¿Se distribuirán por sorteo?

V

Los regalos deben ser hechos por lxs jugadorxs, no prefabricados. Esto es vital. Elementos premanufacturados pueden intervenir en la confección de los regalos, pero cada regalo debe ser una obra de arte individual por si mismo. Si por ejemplo llevo cinco corbatas pintadas a manos, yo mismo debo pintar cada una de ellas, sea con distintos dibujos o con el mismo, aunque se me puede permitir comprar (o expropiar) corbatas manufacturadas para trabajar sobre ellas.

VI

Los regalos no tienen por qué se objetos físicos. El regalo de un/a jugador/a podría ser música en vivo durante la cena, el de otrx podría ser una actuación. Sin embargo, habría que recordar que en los potlatch amerindios se espera que los regalos fueran soberbios y aún ruinosos para quienes los daban. En mi opinión, lo mejor son los objetos físicos y deberían ser tan buenos como sea posible – no necesariamente costosos de hacer, pero realmente impresionantes. Los potlatch tradicionales conllevaban la obtención de prestigio. Lxs jugadorxs deberían sentir un espíritu competitivo al dar, una determinación de hacer regalos de verdadero esplendor. Los grupos pueden desear establecer reglas de antemano sobre esto – Algunxs pueden querer insistir en objetos físicos, en cuyo caso la música o las actuaciones serían simplemente actos extras de generosidad, pero hors de potlatch, por así decir.

VII

Nuestro potlatch, sin embargo, es no-tradicional en el sentido de que, teóricamente, todxs lxs jugadorxs ganan – todo el mundo da y recibe por igual. No se niega sin embargo que un/a jugador/a aburridx o tacañx perderá prestigio mientras que un/a jugador/a imaginativx y/o generosx ganará “nombre”. En un potlatch verdaderamente exitoso cada jugador/a será igualmente generosx de forma que todxs lxs jugadorxs quedarán igualmente satisfechxs. La incertidumbre del resultado añade un gusto de aleatoriedad al evento.

VIII

El/la anfitrión/a, que proporciona el lugar, tendrá desde luego problemas y gastos extras, así que un potlatch ideal debería ser parte de una serie en la que cada jugador/a hace de anfitrión/a cuando le llega el turno. En este caso otra competición por el prestigio recorrería el curso de la serie: -¿Quién ofrecerá la hospitalidad más memorable? Algunos grupos pueden querer establecer reglas limitando los deberes de el/la anfitrión/a, mientras que otrxs pueden desear que lxs anfitrionxs tiren la casa por la ventana; sin embargo, en este caso debería haber realmente una serie completa de eventos, para que nadie pueda sentirse engañadx o superior en relación con lxs otrxs jugadorxs. Pero en algunas áreas y para algunos grupos la serie entera pueda simplemente no ser factible. En Nueva Cork, por ejemplo, no todo el mundo tiene espacio suficiente para albergar siquiera una pequeña fiesta. En este caso lxs anfitrionxs ganarán inevitablemente algo de prestigio. ¿Y por que no?.

IX

Los regalos no deberían ser “útiles”. Deberían ser atractivos para los sentidos. Algunos grupos pueden preferir obras de arte, a otrxs pueden gustarles conservas o salsas caseras, u oro, incienso y mirra, o incluso actos sexuales. Deberían acordarse algunas reglas básicas. No debería haber ninguna mediación en el regalo – nada de cintas de video, grabaciones en cinta, materia impresa, etc. Todos los regalos deberían estar presentes en la “ceremonia” del potlatch – así que nada de entradas para otros actos, promesas o posposiciones. Recuerda el objetivo del juego, así como su regla más básica, es evitar toda mediación e incluso representación – estar presentes, dar presentes.

- Potlatch: celebración de los nativos americanos de la costa oeste canadiense, consistente en ver quién es capaz de regalar mayor riqueza. El que más regalaba era el que conseguía más prestigio. El concepto sería recuperado por los situacionistas en los años 60, y daría nombre a una de sus revistas.

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