Paganismo
Constelaciones bajo las que virar el rumbo de la nave del alma.
“Si el musulmán entendiera el Islam se volvería un idólatra”.
Mahmud Shabestari.
Eleggua, el abrepuertas malcarado del garfio en la cabeza y caracolas en los ojos, santería negra habano y vaso de ron; el mismo que Ganesh, muchacho gordo de los Comienzos con cabeza de elefante que viaja montado en un ratón.
El órgano que siente las atrofias numinosas a través de los sentidos. Aquellos que no saben sentir una baraka no han de conocer la caricia del mundo.
El Poimandres de Hermes enseñó la animación de los eidolones, la mágica habitación de espíritus en los iconos; pero aquellos que no puedan celebrar este rito en sí mismos y en la totalidad de la fibra palpable del ser material sólo heredarán melancolía, basura, ruina.
El cuerpo pagano se vuelve una corte de ángeles que entera percibe este lugar -esta misma arboleda- como el paraíso (“¡si hay un paraíso, sin duda está aquí!” inscripción en las puertas de un jardín de Mughal).
Pero el anarquismo ontológico resulta demasiado paleolítico para la escatología -las cosas son reales, la brujería funciona, nos hechiza con la imaginación, la muerte y la desagradable vaguedad -el argumento de Las metamorfosis de Ovidio- una épica de la mutabilidad. El paisaje mítico personal.
El paganismo aún no ha inventado leyes -sólo virtudes-. Ni sacerdocio, ni teología, ni metafísica, ni moralidad; sino un chamanismo universal en el que nadie obtiene verdadera humanidad sin una visión.
Dinero comida sexo sueño sol arena y sinsemilla; amor verdad paz libertad y justicia. Belleza. Dionisos el muchacho ebrio en una pantera -exuberante sudor adolescente- Pan el cabrero avanza a través de sólida tierra por la cintura como si fuera el mar, su piel encostrada de musgo y liquen; Eros se multiplica en una pastoral docena de jóvenes granjeros desnudos de Iowa con los pies embarrados y zupia de charca por los muslos.
Cuervo, el estafador del potlach, a veces muchacho, o vieja, o pájaro que robó la luna, agujas de pino flotando en un estanque, cabeza de tótem Heckle y Jeckle, coro de grajos de ojos de plata bailando sobre la pila de madera; el mismo que Semar el albino jorobado hermafrodita patrón marioneta en la sombra de la revolución javanesa.
Yemaya, diosa estrella azul del mar y patrona de los maricones; la misma que Tara, faceta azulgrís de Kali, collar de calaveras, bailando en el tenso lingam de Shiva, lamiendo nubes monzónicas con su lengua de un metro; la misma que Loro Kidul, la diosa verde jade del mar Javanesa que otorga a los sultanes el poder de la invulnerabilidad por trato carnal tántrico en torres mágicas y cuevas.
Desde cierto punto de vista el anarquismo ontológico se ve tremendamente desnudo, despojado de todas las cualidades y posesiones, pobre como CAOS mismo; pero desde otro punto de vista pulula barroco como los templos de la jodienda de Katmandú o un libro de emblemas alquímico; se tumba tan largo es en su diván comiendo loukoum y entreteniendo nociones heréticas, una mano dentro de los pantalones bombachos.
Los cascos de sus naves piratas están lacados de negro, las velas latinas son rojas, banderas negras con la divisa de un reloj de arena alado.
Un Mar de la China del Sur mental, frente a una costa de jungla llena de palmeras, templos de oro podrido a dioses bestiales desconocidos, isla tras isla, la brisa como húmeda seda amarilla en la piel desnuda, navegando bajo estrellas panteístas, hierofanía sobre hierofanía, luz sobre luz contra la luminosa y caótica oscuridad.
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