Lxs Niñxs Salvajes

Pirotecnia


Inventada  por los  chinos pero  nunca desarrollada  para la  guerra -un ejemplo cabal de terrorismo poético-  un arma utilizada para disparar el choque estético  que no para  matar -los  chinos detestaban la  guerra y solían hacer luto cuando los  ejércitos se levantaban- pólvora sólo útil para espantar maléficos demonios, para deleitar a los niños, para llenar el aire con una atrevida bruma de olor a riesgo.

Bombas relámpago  clase C de Kwantung,  cohetes de botella, mariposas, M-80s, girasoles, “un bosque  en primavera”; hace buen tiempo de revolución.   Enciende el cigarro en  la mecha silbante de  una bomba negra  de Haymarket;  imagina el  aire lleno  de hidras  y súcubos,  de espíritus opresivos, de fantasmas policía.

Convoca  a  unos  cuantos  niños con  brasas  encendidas  o fósforos de cocina -apóstoles chamanes de complots de pólvora veraniega- rompe la  noche espesa  con estrellas de  pinchos y  estrellas infladas, con arsénico  y antimonio,  sodio  y  calomel, un  bombardeo  de magnesio  y estridente clorato de potasa.

Fulminante (hollín y salitre)  esquirlas y metralla; asalta tu  banco local  o  tu fea  iglesia  con velas  romanas  y cohetes  oro púrpura, in promptu y anónimo (quizás  abriendo fuego desde la trasera de una camioneta).

Construye  unas   lanzaderas  con  armazón  de   celosía  e instálalas  en la  azotea  del edificio  de seguros  o  la escuela;  una serpiente kundalini o un dragón de Caos verde bario enroscado contra un fondo  amarillo  sodio oxalato  -no pasarán- o  monstruos  copulantes disparando  descargas  de leche-fuego  contra  el  hogar de  los  viejos catequistas.

Esculturas de nubes,  esculturas de humo y  banderas = arte del aire.   Piezas de tierra.  Fuentes = aguas artificiales.   Y fuegos artificiales.   No actúes  con becas del ministerio  ni permisos  de la policía  para un  público  amante de  la  cultura.  Evanescentes  bombas incendiarias mentales,  terroríficos mandalas inflamando  la presuntuosa noche suburbana,  inverosímiles cabezas de trueno  verde plaga emocional reventadas con rayos vajra de azul orgona de feux d’artifice láser.

Cometas que explotan con el  olor del haschisch y el carbón radiactivo; fuegos de  San Antón y fuegos fatuos  embrujando los parques públicos; falsos fuegos  de San Telmo danzando sobre  la arquitectura de la  burguesía;  mascletás sacudiendo los cimientos del parlamento,  elementales salamandra  atacan a  reformistas morales  bien conocidos.

Laca centelleante, azúcar de leche, estroncio, brea, agua de goma, chispas de fuego chino -por un momento el aire está afilado de ozono- nube opalada de humo pungente dragón fénix a la deriva. Por un instante el Imperio cae, sus príncipes y gobernadores huyen al lodo estigio, los penachos de azufre de los duendes lanzallamas les queman el culo escocido mientras se baten en retirada. El niño Asesino, psique de fuego, reina por una breve noche de Sirio caliente.

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